Pérdida de la hélice – ¿es posible?

El motor funciona correctamente, engranamos una marcha, aumentamos las revoluciones… pero el yate no se mueve. Una de las posibles causas es la pérdida de la hélice.
No es un hecho frecuente, pero tampoco es algo excepcional. Según nuestras estadísticas, ocurre de media en uno de cada 200 chárteres. El mayor problema es que, una vez ocurrido el incidente, normalmente no es posible determinar de forma inequívoca su causa, aunque al mismo tiempo puede dar lugar a situaciones peligrosas.

¿Por qué puede desprenderse la hélice?

La hélice puede haber sido instalada incorrectamente o no haber quedado bien asegurada. La causa también puede ser el desgaste, la corrosión o el daño de alguno de los elementos de fijación. Sin embargo, estas no son las únicas posibilidades.
Basta con un golpe involuntario contra un cabo, una red, un trozo de madera u otro objeto que se encuentre bajo el agua. Un golpe de este tipo no tiene por qué provocar inmediatamente la pérdida de la hélice. Puede simplemente aflojarla, y la tripulación puede incluso no darse cuenta de que ha ocurrido algo.
El aflojamiento puede continuar posteriormente, especialmente durante las maniobras, cuando pasamos de marcha avante a marcha atrás y cambia el sentido de giro de la hélice. Finalmente, la hélice puede desprenderse en un lugar y momento diferentes de aquellos en los que se produjo el golpe inicial.
Si tenemos suerte y contamos con los medios adecuados, por ejemplo un buzo a bordo, a veces es posible encontrar la hélice en el fondo. Sin embargo, no siempre es tan sencillo. Depende mucho del tipo de fondo y de dónde y cuándo se desprendió realmente la hélice. Podríamos haberla perdido antes, haber apagado después el motor y haber continuado la navegación a vela, y no haber notado la falta de propulsión hasta volver a arrancar el motor.

¿Cuáles son las consecuencias?

La pérdida de la hélice significa la pérdida inmediata de propulsión a pesar de que el motor funcione correctamente. Si ocurre en mar abierto y en condiciones favorables, el problema normalmente se resuelve llamando al servicio técnico o solicitando un remolque.
La situación es mucho peor cuando se pierde la propulsión durante una maniobra en el puerto, en un paso estrecho o cerca de la costa. El yate puede encallar, colisionar con otra embarcación o ser desplazado hacia las rocas. En ese caso, el coste de la propia hélice es el menor de los problemas.

¿Quién es responsable de la pérdida de la hélice?

Si existen pruebas claras de un montaje defectuoso o de un mantenimiento inadecuado, la responsabilidad puede recaer en el operador. Si puede confirmarse un golpe o que un cabo se haya enrollado durante la navegación, los costes pueden atribuirse al arrendatario.
En la práctica, sin embargo, la mayoría de las veces no es posible demostrar ninguna de estas versiones. La hélice no puede recuperarse y los indicios disponibles después del incidente no permiten determinar cuándo ni por qué empezó a aflojarse.
Por este motivo, en la mayoría de los casos la pérdida de la hélice debe considerarse un acontecimiento accidental e imprevisto, y no automáticamente una prueba de negligencia por parte del operador o del patrón. La forma en que se reaccionó ante la pérdida de propulsión y los posibles daños posteriores pueden requerir una evaluación independiente, pero se trata ya de una cuestión diferente de la causa por la que se desprendió la hélice.

¿Cómo se puede estar protegido?

El patrón no tiene la posibilidad de comprobar la fijación de la hélice durante la recepción estándar del yate. Tampoco puede evitar todos los objetos que se encuentran bajo la superficie del agua.
En la práctica, la única protección eficaz frente a las consecuencias económicas de un incidente de este tipo es contar con un seguro adecuado para la fianza del chárter. Antes de contratar la póliza, conviene comprobar si cubre la hélice, el sistema de propulsión, el timón y otros elementos de la parte sumergida del yate.
El seguro no evitará la avería, pero permitirá evitar una situación en la que un incidente imposible de explicar implique la pérdida de toda la fianza.

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